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11-oct-2010, 23:06
Avatar de TheNicko
Friki
 
Se registró el: agosto-2010

Leyendas Urbanas

Hola a todos , hoy estaba aburrido asique me puse a buscar leyendas urbanas y encontre un par que me gustaron. Ojala que les gusten ^^

Terror en la ruta

Un automovilista va conduciendo por una carretera, cuando ve a un hombre joven con el pulgar levantado. Al disminuir la velocidad para recogerlo queda consternado al ver que detrás de los arbustos o árboles de la carretera asoman dos o tres compañeros suyos.
Considerando quizá que están abusando de su generosidad, o tal vez alarmado ante la posibilidad de que se trate de una banda de ladrones, el conductor decide en el último momento no recogerlos. Los viajantes se encuentran ya bastante cerca del coche, pero el conductor pisa el acelerador a fondo y se aleja tan rápido como puede. Los viajantes parecen enojados: gritan y chillan mientras el automovilista se aleja. Feliz de haber logrado escapar a tiempo, el conductor sigue su camino unos kilómetros sin detenerse. Después, al comprobar que el indicador de la gasolina se acerca al cero, se para en una estación de servicio.
Acto seguido observa que el operario de la estación de servicio, lívido como la cera, se aparta horrorizado del coche. El conductor baja para ver qué es lo que pasa, y queda paralizado de horror ante lo que ven sus ojos.

Atrapados en una de las manijas de la puerta hay cuatro dedos humanos.





El colectivero

Una noche en Rosario, enfrente del cementerio "El Salvador", un colectivero de la línea "114" iba conduciendo de noche medio dormido, de pronto, ve impotente como una chica se le cruza velozmente frente al ómnibus y este la arroya.
El colectivero asustado por lo sucedido y lo tétrico de el lugar decide retroceder, esquivar el cadáver de la chica y escapar. Luego de unos minutos de ir a toda velocidad y no detenerse en sus paradas normales, completamente histérico ve por el espejo retrovisor, que la chica que había arrollado está sentada en el ultimo asiento mirándolo fijo y llorando.



El Pitayovai

Llamado también Talonyovai, son genios malignos que tienen el aspecto de indiecitos y habitan en las selvas del Alto Paraná, en el litoral argentino, también en el Chaco paraguayo y se dice que son antropófagos.
Tienen los pies sin dedos y los talones para adelante (su nombre en guaraní significa: talón frente a frente), de esa manera desconcierta a todo aquél que intenta huir de él.
Poseen como arma hachas de doble filo, y subiendo en los árboles, esperan a que alguien pase para tirarse encima y matarlo. Ahorcan, muerden, destrozan y devoran a la gente que atrapan.
Como comenta Elena Bossi, aún se recuerda cómo durante la guerra del Paraguay con Bolivia, en 1932, el Pitayovai mató a muchos soldados destinados al monte.

La Viuda de Campo Caseros

A fines del siglo XIX cuando se construyó el ramal C-13, las vías cortaron la calle Caseros a la altura del Alto Molino, aunque éste estaba sobre un callejón que era la prolongación de la Avenida San Martín.

El hecho es que a poco de la inauguración del servicio a Cerrillos, en 1898, un matrimonio de Atocha, luego de una noche de fiesta y alcohol, se peleó en la cantina de uno de los almacenes de ramos generales de la zona, sobre la calle Caseros. Por celos, todo terminó en una tragedia, cuando el hombre aprovechó el paso del tren para tirar a su esposa sobre las vías. Como es de imaginar, la mujer murió en el acto y su marido huyó para siempre de Salta y de Atocha, ya que nunca más se lo volvió a ver.

Al tiempo, los vecinos del lugar comenzaron a escuchar a determinada hora de ciertas noches, voces e insultos idénticos a los de aquella noche trágica, incluso - contaban- se escuchaba hasta el ruido del tren que se acercaba velózmente.

Atemorizados de que ocurriera otro asesinato, salían a ver lo que pasaba, pero inmediatamente las voces y los ruidos del tren se llamaban a silencio.

Cada tanto los ruidos y las voces se repetía, acompañados en las noches de luna con la aparición de una señora vestida a la usanza de las paisanas salteñas de la época, que sentada al borde de la vía lloraba desconsoladamente. La primera vez, una vecina condolida con esta señora, se acercó a consolarla, pero cuando ésta levantó su cara, vió que se trataba de una calavera con los huesos destrozados.

Espantados los vecinos recurrieron al consejo de un fraile de San Francisco, quien se ocupó de bendecir el lugar y hacer colocar una cruz a la vera del terraplén ferroviario, en el mismo lugar donde la mujer había sido arrojada por su marido hasta las ruedas del tren.
Desde entonces, la Viuda dejó de salir en Campo Caseros y su cruz fue repuesta varias veces durante décadas, siempre pegadita al muro de una construcción que después de unos años, se levantó en el lugar.
Brealito, laguna misteriosa
En la década de los ’80, un equipo del diario El Tribuno hizo un reportaje sobre la laguna de Brealito, y recogió testimonios que no han sido olvidados hasta el día de hoy.
En aquella oportunidad, un agente de policía, oriundo de Seclantás, ya fallecido, conocido como el Gringo Guzmán, realizó el relato detallado de una aparición que le quitó el sueño hasta el final de sus días.
Amante de la pesca, solía ir seguido a la laguna, que se encontraba a 24 kmts. de su domicilio. En esta oportunidad, se dispuso a pasar la noche al borde del enorme estanque que posee una forma caprichosa y está rodeado de montañas minerales, y que en su ala sur se estrecha en medio de un callejón de rocas.
Encendió su lámpara y se ubicó bajo un gigantesco algarrobo negro (especie característica del microclima húmedo de ese lugar, con tierras rojas y cardones verdes). Lanzó el sedal, y de pronto las aguas se agitaron y sintió un chapoteo, algo grande y pesado se movía....., la curiosidad pudo más y trató de ver de qué se trataba...., y justo en la frontera entre la luz de la lámpara y la oscuridad, creyó ver una figura oscura de grandes dimensiones, pero la imagen fue fugaz. Como no llegó a entender bien lo que pasó, decidió calmarse, y luego de un rato, se dispuso nuevamente a seguir con la pesca. Cuando se disponía nuevamente a lanzar la línea, las aguas comenzaron a agitarse, esta vez con más violencia, y el chapoteo se hizo intenso, no necesitó tomar su lámpara esta vez: una figura gigantesca había emergido a pocos metros de él, y pudo distinguir lo que luego contó que era como un gigantesco reptil o un descomunal pejerrey, con lomo escamado. Horrorizado, el hombre huyó corriendo y cayéndose varias veces. Aunque, contaba que una vez repuesto del primer impacto, trató de tranquilizarse y volvió a recuperar sus pertenencias, que encontró totalmente empapadas, pese a estar a una distancia de cuatro metros del agua, como si una ola gigantesca las hubiera cubierto.





Espero que les hayan gustado y gracias por pasar



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Mella
12-oct-2010, 00:08
Muy buenas
 
Aeroblues
12-oct-2010, 00:56
Me gustan mucho estas historias.
 
estebangl
12-oct-2010, 01:46
Yo estuve en esa laguna en el campo de los lopez lecube llamado luracatao..... y de noche se escuchan ruidos y cosas que no son normales......... TREMENDO!!!
Discusión cerrada

Tags
argentinas, leyendas urbanas, terror
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