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18-dic-2010, 19:12
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Se registró el: marzo-2010
Localización: Argentina

La prision de Alcatraz


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Un paseo por “la roca”

Demos hoy un paseo por uno de los lugares abandonados más míticos de Estados Unidos, la conocida isla de Alcatraz con su más famosa e inexpugnable prisión dónde, durante décadas, fueron a parar los huesos de los delincuentes más peligrosos de la costa oeste norteamericana.


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La Roca, como también se conoce a esta pequeña isla de la bahía de San Francisco, fue nombrada por primera vez como “La isla de los alcatraces”, por el español Juan Manuel de Ayala en el año 1775. Obviamente, recibió el nombre por la colonia de estas aves que vivía y todavía vive en la isla.
En 1846 un tal Julian Workman recibió la cesión de la isla del gobierno mexicano a cambio de que construyera un faro en la isla; faro que todavía está en funcionamiento y que es el faro más antiguo en funcionamiento de la costa oeste. Dos años después, tras el Tratado de Guadalupe Hidalgo, California pasa a formar parte de Estados Unidos y tras una batalla legal, la isla pasa a formar parte del gobierno.
La fiebre del oro convierte la zona de San Francisco en un hervidero de gente y el gobierno ve en la isla un lugar ideal donde emplazar baterías costeras para defender la bahía, de este modo en 1853 comienzan las obras de fortificación de la pequeña isla que terminarán en 1858. La primera guarnición de la isla constó de 200 soldados. Dos años después estallo la Guerra Civil, en la isla se montaron 85 cañones que llegarían a incrementarse hasta los 105 y que curiosamente nunca llegaron a abrir fuego sobre enemigo alguno. Esporádicamente, las instalaciones de la isla ya se usaron durante la guerra para encarcelar a algunos simpatizantes del bando confederado. Una vez terminada la guerra, la artillería no tardó en quedarse obsoleta y el uso defensivo de la isla perdió su sentido.

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Así pasaron los años hasta 1933, cuando la propiedad de la isla pasó al Departamento de Justicia de Estados Unidos y tras las reformas necesarias, pasó a convertirse en la prisión de Alcatraz. Durante los 29 años que estuvo en uso, por la cárcel pasaron célebres criminales como Al Capone, Robert Franklin Stroud (el “Hombre Pájaro de Alcatraz”), Jose Sierra, James “Whitey” Bulger y Alvin Karpis, quien pasó más tiempo en Alcatraz que cualquier otro recluso. También se les proporcionó vivienda al personal de la prisión y a sus familias.
Debido a su alto coste de mantenimiento y a la contaminación de la bahía por las aguas residuales de los 250 presos más el personal de mantenimiento y funcionarios de la prisión. El Fiscal General Robert F. Kennedy decretó el cierre del presidio el 21 de marzo de 1963 y los reclusos fueron llevados a la cárcel de Marion, Illinois.
En 1969 la isla fue ocupada durante 18 meses por un grupo de nativos americanos de diferentes tribus que reclamaban su posesión basándose en el Tratado de Fort Laramie (1868). Durante la ocupación varios edificios fueron dañados o destruidos por los incendios, incluidos el patio de recreo, las casas cuarteles de la Guardia Costera y la casa del alcaide.




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Otros edificios fueron destruidos por el Gobierno de los Estados Unidos después de que la ocupación finalizara. Hoy en día, la isla es un sitio histórico operado por el Servicio de Parques Nacionales como parte del Parque Nacional Golden Gate y está abierto para visitas. Los turistas pueden llegar a la isla por ferry desde el muelle 33, cerca de Fisherman’s Wharf en San Francisco.
Y tras conocer la historia de este emblemático lugar, demos ahora un pequeño paseo. Algunas partes se mantienen para las visitas, de otras solo quedan las ruinas.

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El Exterior




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P


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Los corredores




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Túneles de comunicación entre los edificios.


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Las fugas

Durante sus 29 años de funcionamiento, la penitenciaría alegó que ningún preso escapó con éxito. 36 presos han participado en 14 intentos, dos personas lo intentaron dos veces; siete murieron y dos se ahogaron. La escena más violenta se produjo el 2 de mayo de 1946, cuando un intento fallido de fuga de seis presos dio lugar a la denominada “Batalla de Alcatraz”.
El 11 de junio de 1962, Frank Morris, John Anglin y Clarence Anglin llevaron a cabo con éxito una de las más complicadas fugas jamás concebidas. En la parte posterior de las celdas de los reclusos en el Bloque B (donde fueron internados los fugitivos) había un pasillo no vigilado de 0.91 metros de ancho. Los prisioneros cincelaron el hormigón dañado por la humedad de alrededor de un respiradero que conducía al pasillo, utilizando herramientas tales como una cuchara de metal soldada con plata de una moneda de diez centavos y un taladro eléctrico improvisado a partir de una aspiradora robada. El ruido era disimulado con el sonido del acordeón durante la hora de música, y el progreso de sus trabajos se ocultaba con falsas paredes de cartón que, en la oscuridad de las celdas, engañaba a los guardias.

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El camino de la fuga conducía a través de un motor de ventilación; el ventilador y el motor habían sido eliminados y sustituidos por una rejilla de acero, dejando un hueco lo suficientemente grande como para un preso pudiera subir. Robando una cuerda de carburo de silicio del taller de la prisión, los presos habían quitado los remaches de la rejilla y los sustituyeron por otros de imitación hechos de jabón. También robaron varios impermeables para usarlos como balsa en su huida. Dejaron en sus respectivas camas muñecos de papel maché a los que habían pegado cabello real de la peluquería de la prisión para despistar a los guardias, y se fugaron. La hipótesis fue que llegaron a la bahía de San Francisco a las 10 p.m.
La investigación oficial del FBI contó con la ayuda de otro preso, Allen West, que también formaba parte del grupo de los fugitivos pero finalmente se quedó. Se cree que pudo deberse a que no pudo abrir la rejilla de ventilación de su celda a tiempo o bien porque le pudo el temor. En cualquier caso, cuando West fue capaz de abrirlo, sus compañeros ya se habían marchado y con ellos la balsa, por lo que no tuvo más remedio que permanecer en su celda hasta el día siguiente, momento en el que se descubrió la ausencia de los presos. Objetos pertenecientes a los fugados fueron encontrados en la cercana isla Ángel, y el informe oficial sostiene que los fugitivos se ahogaron al intentar llegar a tierra en las aguas frías de la bahía, pero sus cuerpos nunca fueron encontrados.

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wwvelazquez
18-dic-2010, 19:39
Capooooooooo
 
Emanuel
18-dic-2010, 20:19
Muy bueno cheeeeeeeeeeeeeeeeeee

Escapate de esa carcel xD
 
Ontripp
18-dic-2010, 20:27
Tenes que ser bastante capo para escaparte deesa carcel
 
germanz1
18-dic-2010, 20:33
Fuga de la Prisión de Libby (1864)

Fue la más famosa (y exitosa) fuga de presos durante la Guerra Civil Americana. Esta prisión se decía que era la más segura de todas a las que se destinaban los presos de guerra, hasta el día en que ocurrió esta fuga. Un grupo de 15 soldados de la Unión, dirigidos por el Coronel Thomas E. Rose y el general Hamilton, construyeron un túnel desde el sótano de la prisión hasta un terreno situado fuera de la cárcel. Esto no fue una tarea fácil, ya que el sótano de esta misión era muy oscuro e infectado de bichos, conocido por sus reclusos como el "infierno de las ratas". 17 días después de empezar a construir el túnel, se vió la luz, y 109 soldados consiguieron huir a la ciudad de Richmond. 48 soldados fueron recapturados, pero 59 llegaron a la seguridad del ejército federal.
 
damagep
18-dic-2010, 22:23
Exelente!!!

5
 
ELCOCO
18-dic-2010, 23:26


Jajjaja parece de un chiquito de jardin xD
 
MagaDG
19-dic-2010, 16:54
Ayyy!! la semana q viene o en enero, voy a hacer el tour de esta carcel y de Angel Iland, q esta ahi al lado... es saladito pero dicen q vale la pena! voy a postear las fotos cuando esten!
Muy buen post!!! +5
 
darioflair
19-dic-2010, 21:44
Impre sio nan te

 
quiures
20-dic-2010, 10:46
Peliculon!!!
 
candombest
20-dic-2010, 18:41
Jajaj yo tambiben me acorde de la roca! Ajaajjajaja
 
Yuki
20-dic-2010, 20:28
Yo pondría un hotel ahi xDD
 
milillo
21-dic-2010, 05:25
Yo tambien pondria un hotel
 
lewokpo
21-dic-2010, 09:25
Citar:
Túnel
La isla de San Martín es una más en el modesto archipiélago frente a las Costas Bajas. No está lejos de tierra firme y es fácil identificarla: el alto muro de piedra de la cárcel es inevitable mojón de referencia para los escasos pescadores de la región.
El exiguo litoral de la isla fue vigilado perpetuamente durante siglos. Los guardias celosos de la prisión se apresuraban a balear cualquier objeto flotante. Peces voladores, ballenatos, náufragos, han sido a través de los años víctimas del plomo de los carceleros. Una vez por mes, un barquito del gobierno atracaba en el viejo muelle. Llevaba provisiones baratas, algún empleado, algún preso.
Siendo legendaria la seguridad del penal, las autoridades enviaban allí a los convictos más temibles, especialmente a los que habían intentado fugarse de otras cárceles.
Nadie escapó jamás de San Martín. Es verdad que un buen nadador podría alcanzar la costa vecina sin demasiado esfuerzo. Lo difícil era arrojarse al agua. Los muros eran impenetrables. No había ventanas ni respiraderos. Los presos de la isla nunca veían el mar.
La administración central casi no se ocupaba de esta cárcel. Los directores no eran removidos casi nunca, salvo por muerte o jubilación. Un cierto descuido burocrático provocaba dificultades en el abastecimiento y en algunas oficinas de la capital ni siquiera sabían si la prisión seguía funcionando.
Se dice que el régimen interno era severísimo. Todos hemos oí do alguna historia acerca del extravagante sadismo de los carceleros de San Martín. Se trataba de personas solitarias que carecían de cualquier solaz. Durante un tiempo, el barquito arrimó algunas prostitutas para recreo de la guarnición. Pero con los años vi no a observarse un creciente desinterés de los hombres. Al parecer, mejor los complacía la crueldad que la lujuria.
La isla estaba completamente ocupada por la cárcel. Fuera de ella no había nada. Apenas unos metros de arena entre las paredes y el mar. A pesar de no medir más de un kilómetro en su punto más ancho, los intrincados pasillos y las tortuosas galerías de los absurdos edificios producían en sus habitantes una penosa sensación de infinitud. Los sectores al aire libre eran también deprimentes: una laguna pantanosa donde los penados pescaban renacuajos, una loma pelada que ocupaba el centro de la isla, un patio empedrado. Los pocos árboles que existían ocupaban el distrito destinado a las autoridades.
No se sabe cuándo, alguien pensó en hacer un túnel. Un túnel bajo los muros y bajo el mar, que condujera directamente a tierra firme. Describiré la magnitud de los trabajos necesarios.
La distancia entre la isla San Martín y la costa es de unos 6500 metros. La profundidad del mar es escasa: unos 30 pies como máximo. Los sedimentos cuya acumulación ha dado origen a las islas son relativamente fáciles de remover. Ingenieros comedidos han calculado que una cuadrilla de convictos trabajando con herramientas elementales, en horarios reducidos por la prudencia y mermado su rendimiento por el sigilo, podrían avanzar un metro cada tres días en un corredor de un metro de diámetro.
Los mismos ingenieros, o quizá otros, podrían continuar el cálculo: diez metros en un mes. Poco más de una cuadra en un año. 1200 metros en una década. Y el recorrido completo en unos 65 años.
Tal vez ignorando estas cifras incorruptibles, cautivos ingenuos empezaron el túnel.
Los datos que siguen son inevitablemente dudosos. Esta clase de obras progresa en la clandestinidad. Hemos consultado a funcionarios policiales, antiguos presos, pobladores de la zona y pro veedores de la prisión y las noticias resultantes están desfiguradas por el olvido, el temor, la suspicacia o el mero desconocimiento.
Algunos dicen que el túnel tenía tres bocas. Dos de ellas eran falsas y se procuraba que las autoridades descubrieran los fingidos trabajos que allí se realizaban. La verdadera entrada pudo haber estado en la quinta letrina del más antiguo de los baños.
El célebre delincuente Tony Musante estuvo recluido cinco años en San Martín. Allí escribió unos textos, bajo la forma de memorias, cuyo propósito se vinculaba menos con el ejercicio de la literatura que con el de la venganza. En esas páginas se menciona el túnel varias veces.
"La Hermandad del Túnel me pidió ayuda en la excavación. Les hice saber que no estaba dispuesto a ningún trabajo manual. Los mensajeros prometieron que jamás habían pensado en ello. Más bien me necesitaban para amenazar a los renuentes y, llegado el caso, para eliminar a los traidores. Quise saber quiénes eran los jefes de la Hermandad, pero los mensajeros no lo sabían.
"Al parecer, el túnel mide ya cerca de dos kilómetros. Me convidaron a recorrerlo. No acepté. Según pude saber, se trata de un agujero muy estrecho por el que se circula en cuatro patas. Cada cien metros hay tramos más anchos y más altos para el descanso y para que puedan cruzarse personas que marchan en dirección opuesta. "

Musante escribía esto en 1930. Todo hace suponer que jamás vio el túnel. Tampoco llegó a saber quiénes dirigían la Herman dad. Es casi seguro que no prestó su servicio. En 1934 lo trasladaron a otra cárcel menos rigurosa, en atención a su buena conducta.

Sin duda el testimonio escrito de mayor importancia fue el que surgió de la confesión del arquitecto Bompiani.
Marcos Bompiani fue un asesino serial, que acostumbraba a emparedar a sus víctimas en los muros de los edificios que construía su empresa. Condenado a prisión perpetua, estuvo en San
Martín más de diez años. Allí también cometió algunos crímenes. Obligado a confesarlos, admitió de paso haber dirigido personalmente las obras del túnel y haber sido el jefe de la Hermandad. Sin embargo, Bompiani jamás reveló la ubicación de los accesos verdaderos.
El arquitecto señaló unos gravísimos problemas. El desconocimiento de la profundidad exacta del mar obligaba a cavar muy profundo, por precaución. El aire era escaso y era imposible construir respiraderos. Además, cuanto más progresaba el emprendimiento, más se tardaba en llegar gateando hasta el punto de excavación. Bompiani estimó que el tiempo empleado en el trayecto (unos 3000 metros en 1946) era de casi tres horas. Esto hacen seis horas entre la ida y la vuelta. Ante la dificultad de justificar las prolongadas ausencias de los presos, hubo que reducir al mínimo la duración de los turnos. Tal vez nadie cavara más de quince minutos por jornada.
En los primeros años, el clásico problema de deshacerse de la tierra removida parecía más o menos resuelto. La loma pelada fue creciendo de a poco. Los presos llenaban sus bolsillos en el túnel y los vaciaban allí. Pero Bompiani comprendió que tarde o temprano las autoridades iban a extrañarse de aquel fenómeno. El arquitecto calculó que la obra completa implicaría el desalojo de siete mil toneladas de tierra, cuyo volumen sería aproximadamente el de un edificio de catorce pisos. Resolvió entonces designar a un grupo de especialistas para que procediera a capturar toda clase de pájaros, con preferencia de buen tamaño. Esta tarea se realizaba con el permiso y hasta con el beneplácito de las autoridades. A cada ave capturada se le ataba a la pata una pequeña bolsa de papel llena de tierra y agujereada. En esas condiciones los pájaros abandonaban la isla con vuelo esforzado, desparramando la tierra del túnel por todo el océano. Bompiani se extendía en explicaciones tediosas acerca de las dificultades para conseguir bolsas de papel o para evitar que los guardianes se dieran cuenta de estas maniobras.
En medio de nuestro trabajo de investigación, encontramos numerosas menciones del túnel, en fechas remotísimas. La más antigua data del año 1790.
?Cuándo comenzó realmente la excavación del túnel? ¿Hace doscientos años? ¿Hace trescientos? ¿Por qué nunca fue terminado?
Puede conjeturarse que no estamos hablando de uno, sino de varios túneles, que fueron comenzados en distintas épocas. Es probable que los carceleros hayan descubierto y clausurado la mayoría de ellos. De hecho, todos los directores han conocido los rumores sobre un misterioso plan de fuga.
Se sabe que la policía solía infiltrar a algunos de sus agentes entre los prisioneros. Eran maniobras muy discretas: ni siquiera los carceleros podían diferenciar a los falsos criminales de los verdaderos. Sin embargo las negligencias administrativas, que ya hemos señalado, generaban errores inconcebibles. Muchos policías han terminado su vida en la cárcel de San Martín, ante el olvido de sus superiores, gritando a los impasibles carceleros nombres, direcciones e inútiles referencias.
En 1940, el periodista inglés Andrew Harrison obtuvo permiso del director de la cárcel para fingirse presidiario e investigar por su cuenta. Los resultados de más de un año de sacrificio fueron pobrísimos. Nadie sabía nada del túnel, ni de la Hermandad. A Bompiani, ni siquiera lo conoció. Muchas veces fue víctima de las bromas de los convictos, que se complacían en señalar supuestas entradas del túnel en los lugares más indignos. Años después, se reveló que todo el mundo sabía que Harrison era un periodista encubierto y que se consideraba de buen tono el contarle mentiras para su posterior publicación. En 1942, apareció el libro Mejor que no hable, en el que se divulgaban las confidencias íntimas de los penados. Allí se sostuvo que el túnel no existía. Esta cómo da opinión fue ovacionada por los Refutadores de Leyendas de todo el mundo. Durante décadas el asunto fue olvidado.
En 1974, la cárcel de San Martín fue clausurada y en 1977, se demolieron los siniestros edificios. Al parecer, no se hallaron ras tros de túnel alguno.
Pero en 1980, en su libro Túneles del mundo, el viajero francés Jean Luc Toinette razonó que los rastros de una obra tan elemental desaparecían fácilmente y que la ausencia de vestigios no garantizaba la inexistencia del famoso túnel.
Dejo para el final el testimonio del último director de la prisión, el odontólogo Antón Garat:
"El túnel existió y fue la obra más noble de la que yo haya tenido noticia. Los presos preparaban una vía de escape que ellos mismos no iban a ver terminada. Estaban trabajando para la fuga de hombres que ni siquiera habían cometido aún el delito que los iba a condenar.
"El túnel era la esperanza. Era necesario para unos hombres embrutecidos por el sufrimiento. Por eso nunca me esforcé demasiado en encontrarlo. La excavación ocupaba sus energías y los mantenía alejados de motines y reclamos. "

Me atrevo a postular que la existencia real del túnel es asunto secundario. La ilusión de la fuga no fue jamás una promesa concreta. Las ilusiones grandes nunca lo son. Quizá la verdadera función de la Hermandad haya sido esa: mantener vivo un sueño imposible. Tal vez las autoridades no hayan estado lejos de la cofradía. El informe termina aquí, apresuradamente, cuando se oye el ya cercano trote de las alegorías.
 
batukes
21-dic-2010, 13:35
Vean la pelicula.

Fuga de alcatraz
 
gamer
21-dic-2010, 14:33
Que pantallaso para el tony hawk pro skater 4 jeje muy buena info!
 
Koala
21-dic-2010, 14:55
 
gisofania
22-dic-2010, 00:12
Interesante, +5
Discusión cerrada

Tags
alcatraz, carcel, carceles, prisión
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